Caperucita
ORIGEN E HISTORIA
Entre las cepas centenarias de nuestros viñedos de La Seca apareció, por casualidad, una planta distinta a las demás. Sus racimos, su forma de brotar y madurar no coincidían con ninguna de las variedades que teníamos identificadas. A partir de ahí comenzó la parte menos visible, pero más importante: años de observación en el viñedo, selección de material vegetal y microvinificaciones para comprobar si estábamos ante algo realmente diferente.
El resultado es Caperucita, una nueva variedad autóctona ligada a nuestros viñedos y actualmente en proceso de registro oficial como nueva variedad de vid en España bajo esta denominación.
Como ya hicimos en su día con Malcorta o Cenicienta, Caperucita nace de esa mezcla de curiosidad, paciencia y respeto por las viñas viejas que define el proyecto Javier Sanz Viticultor.
UN CLON ÚNICO
Caperucita tiene su origen en una sola cepa encontrada en una de nuestras parcelas antiguas. A partir de ella seleccionamos y multiplicamos el material vegetal, comprobando vendimia tras vendimia que sus características se mantenían estables y que no se trataba de una simple variación pasajera, sino de una identidad propia.
Los análisis y el trabajo de campo han confirmado que estamos ante un material genético diferenciado, con un comportamiento en el viñedo y un perfil de vino claramente reconocibles. Hoy Caperucita se cultiva todavía en superficies muy reducidas, en parcelas controladas, lo que nos permite seguir estudiándola con detalle antes de dar pasos mayores.
CARACTERÍSTICAS DE LA UVA
Caperucita muestra un ciclo de maduración pausado, que ayuda a preservar la frescura y la acidez incluso en añadas cálidas. Es una variedad de porte contenido y racimos de tamaño medio, bien aireados, que favorecen una sanidad excelente de la uva.
Entre los rasgos que más nos interesan en bodega destacan:
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Buena capacidad de adaptación al clima continental de La Seca.
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Relación equilibrada entre azúcar y acidez, clave para elaborar vinos tensos pero amables.
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Un perfil aromático limpio y definido, que se expresa con claridad incluso en vinificaciones muy poco interventionistas.
Todo ello la convierte en una candidata muy valiosa, donde necesitamos variedades capaces de mantener frescura sin perder madurez.
¿A QUÉ SABE UN VINO CAPERUCITA?
Caperucita es todavía un proyecto en construcción, pero sus vinos empiezan a dibujar una personalidad propia:
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Aromas de fruta fresca (matices de fruta jugosa y toques cítricos), con notas sutiles herbáceas y florales.
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Boca equilibrada y sabrosa, con una acidez bien marcada que alarga el recorrido.
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Cuerpo medio, textura envolvente y un final limpio, refrescante y muy bebible.
Según el tipo de elaboración, vinos jóvenes muy directos o versiones con más trabajo sobre lías y/o crianza, Caperucita puede mostrarse más desenfadada y frutal o más seria y gastronómica. En cualquier caso, mantiene siempre un hilo conductor: frescura, claridad de aromas y una sensación de equilibrio que invita a seguir bebiendo.
Marida especialmente bien con tapas, arroces y platos de cocina mediterránea.