Castellana Blanca
ORIGEN E HISTORIA
La Castellana Blanca es una variedad ancestral del centro y noroeste de la península ibérica, prácticamente olvidada durante décadas. Históricamente cultivada en pequeñas viñas viejas, su presencia se limitaba a mezclas tradicionales donde rara vez se vinificaba por separado. Sin embargo, su valor enológico, su resistencia natural y su perfil singular han motivado su recuperación como una joya patrimonial de los viñedos castellanos.
En Javier Sanz Viticultor nos sentimos profundamente vinculados a este legado. Recuperar la Castellana Blanca no es solo un acto de viticultura, sino un compromiso con la identidad y la biodiversidad del viñedo histórico.
UNA VARIEDAD REDESCUBIERTA
La Castellana Blanca es una uva de perfil sobrio pero con un potencial expresivo sorprendente. De brotación temprana y maduración media, es resistente a la sequía y a las enfermedades fúngicas, lo que la convierte en una excelente opción para una viticultura sostenible y de mínima intervención.
Vinificada con respeto y precisión, da lugar a vinos de gran equilibrio, marcada frescura y personalidad diferenciada, alejados de la estandarización.
CARACTERÍSTICAS DE LA UVA CASTELLANA BLANCA
De racimos pequeños y compactos, granos esféricos y piel fina, la Castellana Blanca se adapta bien a climas continentales, con ciclos de maduración equilibrados. Su acidez natural y su moderado contenido alcohólico son ideales para elaborar vinos frescos, longevos y llenos de matices.
En nuestro viñedo, la uva se expresa con pureza: una fruta limpia, sutiles notas herbáceas y una mineralidad muy marcada, fiel reflejo del suelo y el entorno
.¿A QUÉ SABE UN VINO ELABORADO CON CASTELLANA BLANCA?
Los vinos de Castellana Blanca son delicados pero persistentes. En nariz predominan las notas de manzana verde, pera fresca y flores blancas, con un fondo levemente anisado o salino. En boca es ligero, directo y fresco, con una textura fluida y un final sutilmente amargo que invita a seguir bebiendo.
Es un vino honesto, versátil y gastronómico, ideal para acompañar platos suaves como pescados blancos, arroces, ensaladas templadas o quesos frescos. También brilla en elaboraciones más complejas si se trabaja con lías o se cría en barrica, revelando una dimensión más rica y estructurada.